Posted on Fri, Jan. 19, 2007

Alta Tensión
Sandal, noches calientes y diferentes


SERGIO LEóN
Especial/El Nuevo Herald


Con un programa que incluye 'drag queens' y lentejuelas con salsa, este nuevo local gay promete noches de calentura, sabor y espectaculares `shows'

Siempre que se habla del renacimiento de South Beach a finales de los 80 y principio de los 90, se cuentan las historias de los modelos exóticos, que en aquel entonces plagaban la Playa durante la temporada. Se habla del buen ojo de los célebres fotógrafos de modas, que deslumbrados por la excepcional luz natural, los azules celestes de su eterno verano y los anaranjados de sus atardeceres, elegían los mejores rincones de la playa como escenario para las fotos de las revistas de moda que recorrían el mundo por aquellos tiempos.

También, con mucha vanagloria, se hace referencia al momento histórico en que Gianni Versace, en su paso por la ciudad, enamorado del panorama que ésta ofrecía, decide instalarse en Casa Casuarina y grabar para la posteridad, con sus medusas doradas, las crónicas de moda que él mismo tituló The South Beach Stories.

Con esta misma pasión se les rinde tributo a los aventurados empresarios neoyorquinos, que ni cortos ni perezosos se percataron del potencial que tenía este pequeño pueblo bohemio, detenido en el tiempo, para montar centros nocturnos, donde todos estos exploradores del nuevo hot spot tendencioso pudieran embriagar la nocturnidad con los mejores DJ del país y las producciones espectaculares de shows de travestis que nunca faltaban.

Sin embargo, no se habla con igual entusiasmo de Sexilia, Damian Divine, Adora, Yoko, Kevin Aviance, Marvella, Taffy y toda aquella troupe de comediantes transformistas que, sin discusión, formaban parte del encanto y la reputación de la cual SoBe disfrutaba. De día se les veía trabajando en los comercios de la ciudad o comprando vestidos, pelucas y accesorios, pero al caer la noche contagiaban las calles de risas, plumas y lentejuelas.

Haciendo un poco de justicia, sería bueno recordar que las noches en el legendario club Warsaw, los T-dance en Amnesia, organizados por Jody McDonald, las noches de cabaret en Barrio --servido y entretenido por travestis--, los shows de Kremlin y las superproducciones en 1235 --bautizado como Paragon e Icon, posteriormente-- eran organizadas, producidas, promovidas y llevadas a la escena --para el disfrute de todos, gay, straight, bisexual o transexual-- por el talento de la población gay y sus más arriesgados miembros: los desafiantes transformistas; los mismos que en aquel entonces, como buenos visionarios, aprovecharon la coyuntura no sólo para adornar las calles de la ciudad con llamativos atuendos sino, también, para hacerse de un público de fans, locales o turistas.

A finales de los 90 se olvidaron las memorias y, de paso, los lugares para las brillantes presentaciones de estos actores nocturnos. En la Playa, los únicos sobrevivientes de la explosión comercial de la ciudad fueron Twist, Score y Laundry Bar. El resto de las fiestas de drag queens se movieron a tierra firme.

Con bombos, platillos, pestañas postizas, pelucas, tacones muy lejanos y transparentes, y musculosos go-go boys, Sandal, el nuevo club gay latino abrió sus puertas el sábado 6 de enero, como regalo de los Reyes Magos para la comunidad. Un poderoso reflector servía de brújula para encontrar la fiesta --tanto así que se llevó los fusibles-- pero la ausencia del aire acondicionado no estropeó, para nada, ni la diversión de los invitados ni la estelar actuación de sus anfitrionas, Adora y Marytrini, que milagrosamente no se derritieron.

Se bailó, se bebió y se gozó hasta el amanecer.

El espectáculo abrió con Adora interpretando A Piece of My Heart de Janis Joplin, luciendo un fabuloso vestido de chifón negro con incrustaciones de canutillos y lentejuelas rojas. En la cabeza, una hiperbólica peluca de bucles platinados, como toda una diva de los 50. Le siguió Marytrini con Babalú Ayé y un potpurrí de éxitos musicales de la aclamada reina de la salsa, Celia Cruz. Llevaba un conjunto en terciopelo púrpura con detalles en charol verde chattre, coloridas incrustaciones y la caricaturesca peluca superbatida de color fucsia que en alguna ocasión se le vio a la reina.

Como invitadas estuvieron Apolonia Cruz con la versión de I Will Survive de Diana Ross, seguida por Solange con una canción de Laura Pausini. Apenas finalizó el último verso, reventó la salsa de Oscar D'León Yo me voy pa' Cali, seguido del reggaetón de Calle 13, incitando a levantarse. Y en el acto, se colmó la pista de bailadores. Muchos tuvieron que bailar sin la magia que los destellos de luces de la típica bola de dancing light crea en el centro de la pista, techada con espejos al estilo de la Miami de Scarface.

Cerraron el show Adora y Marytrini, que como buenas hermanas decidieron hacer el número La máscara de las cubanísimas Hermanas Benítez, a quienes la vieja guardia probablemente recuerde por sus presentaciones en la isla.

El programa de Sandal empieza los jueves con Jueves caliente y los bailarines de strip-tease. Los viernes la fiesta empieza a las 6 p.m. con un happy hour hasta las 10 p.m. y lo empata la noche de Lady's Night, desde esa hora hasta las 5 a.m., para las chicas que gustan de las chicas (sin discriminar otros géneros). La lady principal, Juli Mastrozzimone, es la anfitriona. Los sábados son de Calentura, con Adora y Marytrini de conductoras y estrellas principales con sus invitadas. Cierran la semana el domingo con un T-dance en manos del DJ Oren a las 6 p.m., como en los buenos tiempos, y más tarde es Noche de video-bar, animada con lo último en musicales, algo para picar y juegos de billar, organizada por Rubén Bork y Odalis Alfaro.

La noche de apertura, los platos estuvieron a cargo del DJ L-Cue, una presentación única e irrepetible. Para las siguientes noches habrá siempre sorpresas. La casa se llenó hasta desbordar y el que no lo crea que le pregunte a los vecinos.

Sandal es un club eminentemente gay, pero todo el que se sienta cómodo, aunque no sea ésa su inclinación, es bienvenido y respetado. Por encima de todas las cosas, el espacio se propone rescatar el escenario perdido de las divas travestis y, al mismo tiempo, proporcionar un lugar donde otro componente de la población pueda manifestarse sin temor a la censura.

Sandal, 1060 N.E y 79 Calle. Abre de jueves a domingo. La entrada los sábados cuesta $5 y hay estacionamiento disponible.

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